Tenía reservada para ver estas fiestas Plácido, de Luis García Berlanga, como mi homenaje póstumo y personal. Casi 50 años después de su estreno, la historia está a la orden del día: la clase obrera tiene que hacer malabarismos para pagar sus facturas, mientras que los ricos juegan a guardar las apariencias e utilizan la caridad como actividad social. Vivimos en una segunda era Berlanguiana, o a lo mejor es que nunca salimos de ella. Así que mi crónica navideña es un tanto gruñona.
Plácido Alonso (Cassen) tiene que pagar el primer plazo de su motocarro, y para conseguir el dinero tiene que conducirlo de aquí para allá. El tiempo se agota mientras que es testigo de una situación esperpéntica tras otra, siguiendo a Gabino (Jose Luis López Vázquez), que le ha prometido que le pagará y le ayudará a convencer al notario para que le deje pagar después de plazo. Plácido tiene que ayudar en un evento de caridad, en el que los ricos llevan un pobre a su casa para que cene con ellos en Nochebuena, pero que en realizad es una estrategia publicitaria de un comerciante de ollas exprés. Los pobres, los viejos, y la clase obrera son figurantes dentro del paripé y las aspiraciones vanas de los que tienen más. Como es típico de Berlanga y Azcona, es una película coral, aunque aquí tenemos dos bandos: los pobres y los ricos. Y en medio tenemos a Gabino, niño bien que intenta mantener las apariencias, pero que también es el único que medio intenta ayudar a Plácido y que trata a la gente pobre como personas (más o menos).
No me apetecen las cursiladas navideñas y los villancicos memos para celebrar las fiestas, porque hay mucha gente que lo está pasando muy mal, y las frases manidas suenan huecas. Mis mejores deseos navideños van para los Plácidos de todo el mundo, que luchan todos los días para salir adelante en un entorno social y económico que está hecho para aprovecharse de ellos.
Como dice el villancico al final de la película:
Madre, en la puerta hay un niño
Tiritando está de frío.
Anda y dile que entre,
Que calentará,
Porque en esta tierra
Ya no hay caridad,
Ni nunca la ha habido,
Ni nunca la habrá.
Feliz Navidad.
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viernes, 24 de diciembre de 2010
domingo, 8 de agosto de 2010
Las crisis económica es buena para el cine de terror
Dentro de la desastrosa situación económica en la que vivimos me quedaba una esperanza. Como aficionada al cine de terror, suponía de que gracias a la crisis tuviéramos mejores películas de miedo. Las crisis han sido un estupendo caldo de cultivo para hacer películas sobre las cosas que más miedo le dan al público.
Por ejemplo, la crisis de los años 30 dio lugar a películas como el Dracula de Todd Browning, Frankenstein (1931)y Bride of Frankenstein (La Novia de Frankenstein, 1936) de James Whale. A finales de los 60, cuando se cocía el intento de revolución social del 68, tenemos Rosemary's Baby (La Semilla del Diablo, 1968) o Night of the Living Dead (La Noche de los Muertos Vivientes, 1968). Más tarde, a medida que la crisis del petróleo de los 70 se agudizaba, tenemos cosas como The Exorcist (El Exorcista, 1973), Texas Chainsaw Massacre (La Matanza de Texas, 1974), y Jaws (Tiburón, 1975), por nombrar unas pocas.
¿A qué se puede deber esto? Mi teoría es que las películas de terror no dan miedo por que sí, sino que se basan en los temas que más miedo nos dan en un determinado momento. Hay artículos acad'emicos y libros a porrillo que interpretan diversas películas y subgéneros de terror de acuerdo con su contexto social.
Podría parecer que el género de terror está un poco de capa caída. En Hollywood se dedican a hacer remakes de películas de los 70 y 80 (Nightmare on Elm Street (Pesadilla en Elm Street) es la última, también han sacado versiones nuevas de Halloween y Texas Chainsaw Massacre (La Matanza de Texas)). Así que estoy un poco decepcionada.
O no. Probablemente [REC] sea la mejor película de miedo de los últimos 10 ó 15 años. (Y no me pienso dignar a ver el remake americano, porque todavía me dura el cabreo por que no estrenaran el original en las pantallas grandes de EEUU.) La secuela [REC]2 da un poco menos de miedo, pero se agradece el que no se limitaran a hacer más de lo mismo (y el final con puzzles dignos de un videojuego es un pasote). A este lado del charco, Paranormal Activity no está mal, aunque es difícil creerse a los personajes protagonistas (sobre todo a él, que es claramente un capullo desde la primera escena).
Si he de aventurarme a interpretar estas pelis a la luz de la crisis económica, la verdad es que es bastante fácil. (También es lo que hago todos los días en mi trabajo académico.) Tanto [REC] como Paranormal Activity, tienen como premisa que el horror ya está en casa, y que en cualquier momento se puede volver contra nosotros. El hogar se convierte en un enemigo del que no hay escapatoria, porque no se puede ir a ningún otro sitio. Si pensamos en que una de las pesadillas de la gente son las hipotecas, por las que el hogar se vuelve un infierno porque no se puede mantener (particularmente en España, donde no vale con darle la casa al banco para que se la queden como pago). Empezamos a ver un patrón. El argumento es más interesante si nos fijamos en la ola de J-horror (películas de terror Japonesas) de principios de la década del 2000, cuando Japón estaba atravesando su crisis hipotecaria. En estas películas, los protagonistas empiezan una nueva vida en una casa que al final se vuelve contra ellos (Ju-On, o Dark Water, por ejemplo). Si lo pensamos así, El Orfanato también tiene un argumento parecido (aunque a mí me sigue pareciendo un refrito de Los Otros, El Espinazo del Diablo y El Laberinto del Fauno).
La película que más abiertamente trata con los horrores de la crisis económica, y las hipotecas en particular, es Drag Me To Hell (Arrástrame al Infierno, 2009). La protagonista es una administradora bancaria, quien ha de volverse implacable ante los impagos de la hipoteca de una vieja gitana. El resto es lo mejor de Sam Raimi en 20 años.
Así mirado, a lo mejor tengo razón. Acabo de nombrar cinco películas de de los últimos 2-3 años que son realmente buenas. La mayoría españolas, donde la crisis económica está siendo desoladora. El miedo que uno pueda pasar en la sala oscura de un cine no es nada comparado con bregar con las crecientes deudas.
Por ejemplo, la crisis de los años 30 dio lugar a películas como el Dracula de Todd Browning, Frankenstein (1931)y Bride of Frankenstein (La Novia de Frankenstein, 1936) de James Whale. A finales de los 60, cuando se cocía el intento de revolución social del 68, tenemos Rosemary's Baby (La Semilla del Diablo, 1968) o Night of the Living Dead (La Noche de los Muertos Vivientes, 1968). Más tarde, a medida que la crisis del petróleo de los 70 se agudizaba, tenemos cosas como The Exorcist (El Exorcista, 1973), Texas Chainsaw Massacre (La Matanza de Texas, 1974), y Jaws (Tiburón, 1975), por nombrar unas pocas.
¿A qué se puede deber esto? Mi teoría es que las películas de terror no dan miedo por que sí, sino que se basan en los temas que más miedo nos dan en un determinado momento. Hay artículos acad'emicos y libros a porrillo que interpretan diversas películas y subgéneros de terror de acuerdo con su contexto social.
Podría parecer que el género de terror está un poco de capa caída. En Hollywood se dedican a hacer remakes de películas de los 70 y 80 (Nightmare on Elm Street (Pesadilla en Elm Street) es la última, también han sacado versiones nuevas de Halloween y Texas Chainsaw Massacre (La Matanza de Texas)). Así que estoy un poco decepcionada.
O no. Probablemente [REC] sea la mejor película de miedo de los últimos 10 ó 15 años. (Y no me pienso dignar a ver el remake americano, porque todavía me dura el cabreo por que no estrenaran el original en las pantallas grandes de EEUU.) La secuela [REC]2 da un poco menos de miedo, pero se agradece el que no se limitaran a hacer más de lo mismo (y el final con puzzles dignos de un videojuego es un pasote). A este lado del charco, Paranormal Activity no está mal, aunque es difícil creerse a los personajes protagonistas (sobre todo a él, que es claramente un capullo desde la primera escena).
Si he de aventurarme a interpretar estas pelis a la luz de la crisis económica, la verdad es que es bastante fácil. (También es lo que hago todos los días en mi trabajo académico.) Tanto [REC] como Paranormal Activity, tienen como premisa que el horror ya está en casa, y que en cualquier momento se puede volver contra nosotros. El hogar se convierte en un enemigo del que no hay escapatoria, porque no se puede ir a ningún otro sitio. Si pensamos en que una de las pesadillas de la gente son las hipotecas, por las que el hogar se vuelve un infierno porque no se puede mantener (particularmente en España, donde no vale con darle la casa al banco para que se la queden como pago). Empezamos a ver un patrón. El argumento es más interesante si nos fijamos en la ola de J-horror (películas de terror Japonesas) de principios de la década del 2000, cuando Japón estaba atravesando su crisis hipotecaria. En estas películas, los protagonistas empiezan una nueva vida en una casa que al final se vuelve contra ellos (Ju-On, o Dark Water, por ejemplo). Si lo pensamos así, El Orfanato también tiene un argumento parecido (aunque a mí me sigue pareciendo un refrito de Los Otros, El Espinazo del Diablo y El Laberinto del Fauno).
La película que más abiertamente trata con los horrores de la crisis económica, y las hipotecas en particular, es Drag Me To Hell (Arrástrame al Infierno, 2009). La protagonista es una administradora bancaria, quien ha de volverse implacable ante los impagos de la hipoteca de una vieja gitana. El resto es lo mejor de Sam Raimi en 20 años.
Así mirado, a lo mejor tengo razón. Acabo de nombrar cinco películas de de los últimos 2-3 años que son realmente buenas. La mayoría españolas, donde la crisis económica está siendo desoladora. El miedo que uno pueda pasar en la sala oscura de un cine no es nada comparado con bregar con las crecientes deudas.
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